viernes, 16 de noviembre de 2012

ZORRAS, ZORRAS EVERYWHERE

Tengo yo la mala costumbre de depositar algo de confianza en personas a las que trato más menos con asiduidad. Me considero una persona amigable y me encanta la gente, para que lo voy a negar. Pero es bien sabido la maldad de las personas. Ayer sin ir más lejos y conversando con una buena amiga llegó casualmente a mis oídos que una tercera persona le había advertido sobre mí. Al parecer le dijo con ciertas reservas, como si sufriese apuro alguno, que tuviera cuidado conmigo. Ojiplatica yo, confese a mi amiga que habíamos estado comentando ciertos errores que ella había cometido, comentando que no juzgando. Y, en venganza, le conté ciertas cosas que la zorrilla de la otra había divulgado por ahí.
Me llama mucho la atención el hecho de que una persona tan culpable como yo de hablar de una tercera intente echar a pelear así, gratuitamente, una amistad de años, y encima inventando.
Que vida tan triste la de este tipo de gentuza. Anda y que te den, bonita.
Ah! Y antes de intentar echar Mierda sobre alguien parate a pensar si tu tienes más mierda que esconder.