Cada lágrima que vertemos nos hace más fuerte, cada sofocon más sabio y cada error más maduro. Si errar
es humano, arrepentirse y aprender nos hace ser un poco más nobles de corazón. Hay que equivocarse y sufrir para ser mejor persona y valorar lo que, y quienes, te rodean. Es lo que aprendí ayer después de una charla con un buen y querido amigo.