Por motivos ajenos a mi voluntad me encuentro viviendo en un piso prestado, y a Dios gracias, mientras terminan el mío.
Bien. Hay que decir que el barrio donde vivo es un barrio viejo, de obreros, un barrio que estaba a las afueras de Sevilla y que, debido al inmenso crecimiento de la ciudad, está ya totalmente integrado.
Los habitantes de dicho barrio son, en su inmensa mayoría, gente mayor, aunque muchos hijos nos hemos mudado muy cerca, casi todos a Sevilla Este.
Casi todos los propietarios del edificio donde vivo son personas mayores. Cada vez que llego a casa, entre las 20:00 y las 22:30,allí están las vecinas, sentadas con sus sillas en la plaza, contándose sus chismes. Puedo asegurar sin miedo a equivocarme que de cada 10 veces que he pasado diciendo bien alto un sonoro ''Buenas noches'' me han contestado 2 veces. Y me revienta.
Recuerdo cuando era niña y los mayores,que incluía a los que tenían ya 25 años, decían que la juventud no teníamos educación. ¿Que ha pasado?.
Ahí no queda todo, junto al grupo senior se aposta, en ocasiones, otra pequeña manada. Ésta es la de las madres con sus criaturas. Los cachorros de dicho espécimen igual están jugando a la pelota que comiendo chucherías alrededor de cromos de fútbol. Ni una sola vez he visto a esas madres reñir a los niños cuando han tirado los envoltorios de las chuches al suelo, ni decirles que se aparten a un lado para dejar pasar cuando están sentados en la acera en todo el paso.
Por eso yo, harta, no saludo ya la mitad de las veces al pasar por delante de cada grupo, porque mi saliva vale mucho, y porque me cabreo muchísimo cuando mi educación es correspondida con silencio sepulcral.
¿Los jóvenes no tenemos educación? Vengan a mi edificio y opinen, opinen.