Sé que hay gente que no lo entenderá, también que hay otra que lo hará perfectamente, y algunos no estarán de acuerdo, o pensarán que soy una exagerada, pero es de las mejores cosas que me han pasado en la vida. La describiré un poquito.
Para mi Dana ha sido, y es, mi sueño hecho realidad. Siempre quise un perro, desde que tengo uso de razón. Y ese 28 de febrero de hace 12 años mi padre entró con una bola de pelo que puso en el suelo y, tímida, se escondió bajo una silla. Esa silla fue su refugio hasta que su tamaño adulto no le permitía entrar, jeje.
Siempre me ha arrancado una sonrisa, siempre ha apoyado su cabeza peluda sobre mis rodillas cuando me ha visto llorar (siempre, sin excepción). Recuerdo las veces que me despertó con su peculiar forma de hacerlo: poniendo su nariz mojada en la punta de la mía, y la alegría que le daba cuando me despertaba y saludaba, entonces se me tiraba encima, aplastandome. Ya no me despierta así... soy yo la que la despierto a ella, porque está mayor, y siempre quiere dormir un ratito más; le gusta que le arrasquen la barriga; correr por la playa; perseguir a los gatos, aunque luego no los lastime; comer galletas, bueno... comer, en general; subir al coche, porque sabe que cuando monta en coche es para ir a la playa, o al campo, o a la nieve...; mirarme largo rato para que la siga hasta la puerta, si quiere salir, o a sus escudillas, si se le acabó la comida, o a la puerta de la cocina, si quiere galletas; le gusta acostarse al sol en la terraza, y luego cuando quiere entrar "ladra" con una voz aguda, como de perrito chico; juega a saltar sobre cualquier cosa que le llame la atención, ya sea un papel o una pelota; le apasiona correr, como buen husky, aunque ya su corazón la obliga a parar la carrera y toser; le encanta que le haga cosquillas en la cara y que sea a ella a quien primero me dirija cuando llego a casa... ; cuando se enfada conmigo no me mira y se sienta de espaldas a mi, con las orejas giradas en mi dirección, muy orgullosa ella; cuando quiere cariños me mete el hocico entre las rodillas, para que le acaricie el cuello a contrapelo...
Podría seguir así días, porque es todo un personaje y tiene su carácter, y sus manías, y sus días buenos y malos.
Escribo todo ésto por dos razones: una es no olvidar todas éstas cosas el día que ella me falte. Ese día me faltará un trozo de corazón, porque ella es parte de mi, y yo de ella. Porque entre nosotras hay "algo" que hace que una mirada suya me hable y que una palabra mía haga incluso que se tranquilice en el veterinario, que ya es decir.
La segunda es para que todas esas personas a las que no les gustan los perros o no han tenido uno, se hagan una ligerísima idea de hasta donde puede llegar la conexión entre persona y mascota. Te das cuenta de que tienes esa conexión cuando un día miras a su cara y le ves una sonrisa.
No sabéis lo que os estais perdiendo.
Felicidades Dana, mi niña.