Ésto lo he leido hoy en internet. Siempre me preguntan porqué no quiero morir sin viajar al menos una vez a Australia. Creo que ésto contestará a algunos...
El embrujo de una bahía
El mar y la convivencia de múltiples culturas marcan el alma de Sídney.
Cook llegó aquí, desembarcó en un pequeño promontorio llamado Kurnell, todavía existente y venerado en Botany Bay, y justo en ese momento empezó la cosmopolitización de Sídney, ciudad universal. Lo es en tal medida que en ella residen más aborígenes que en todo el resto de Australia, el continente isla poblado por apenas 20 millores de seres. Didgeridoo y heavy metal. Multiculturalidad a tope. La SBS, la radio pública, emite en 142 idiomas. Todo el mundo habla inglés, pero en cuanto llega a casa conecta con la emisora que emite en su lengua de origen.
Botany Bay, luego Bondi Beach, la playa por antonomasia, llena de japoneses atónitos contemplando unos los toples más sugerentes de las más bellas muchachas australianas; y, otros, los microbiquinis más vertiginosos vestidos por las chicas que juegan al voleibol playero. Todos ellos algo más bizcos de lo acostumbrado. Otros más, no menos aventurados, ni tampoco por ello más aventureros, practican el bridge climb. La escalada al puente de Sídney. Sí, el que sale siempre en las fotografías. La realizan en grupos de 10 personas, llevados casi de la mano por un guía, vistiendo trajes y arneses especiales y dispuestos a emplear ocho horas de sus vidas en tal encomiable empeño. El descenso ya resulta más rápido. Siempre el mar y el vértigo alrededor de Sídney.
El Palacio de la Ópera
Sídney es el mar. Quien lo visita debe darse inexcusablemente un paseo por su bahía. Cuando lo haga podrá tener una idea perfecta de la real dimensión del Palacio de la Ópera, ese que también sale siempre en las imágenes de las agencias de viajes, o en los libros de arquitectura, velado ahora por unos infamantes bloques de viviendas que lo desdimensionan y ocultan a aquellos que llegan a él desde tierra; es ese barco hermoso de velas desplegadas, esa ave marina que emprende el vuelo, surgiendo de la superficie del agua, y que ahora únicamente lo hace para quienes contemplen el prodigio desde el mar. Siempre el mar, en Sídney. Así que, ya puestos y llegados a este extremo, sumérjanse en el acuario. No es el de Osaka, pero bien merece la pena.
Pasión por el críquet
La intelectualidad está en Melbourne. Sídney es mar y deportes, cultura física y culto al cuerpo. El críquet es el deporte nacional, muy técnico, casi poético. Más nacional, incluso que el rugby o que las carreras de caballos. Dos deportes, estos, que tienen ya la categoría de vicios nacionales.
El críquet se juega en verano, es decir, durante nuestro invierno. Los partidos internacionales se llaman tests, duran cinco días y ocupan ocho horas de cada uno de ellos. Para nosotros resulta casi incomprensible. A ello ayuda también la jerga casi esotérica que le es propia. To bowl a maiden over, esto es, seducir o violar a una virgen o doncella, designa una --al menos para nosotros-- complicada y preciosista jugada en la que, como siempre, le baten a una pelotita con una especie de raqueta.
Mar y cosmopolitismo. Multiculturalidad asumida y practicada. Entre Bondi Beach y el centro urbano se encuentra el promontorio de Bondi, uno de los lugares en donde la vivienda alcanza precios de los más elevados del mundo. Miles de maoríes neozelandeses viven en Bondi. Tienen incluso un marae, una casa sagrada más que un templo, en la que llevan a cabo sus ritos, siempre llenos de canciones, y donde celebran sus asambleas, reciben a sus visitantes o despiden a sus muertos. ¿Sabían que en maorí Nueva Zelanda se llama Oaeteoroa, es decir, El País de la Larga y Blanca Nube?
Orgullo aborigen
Pero estamos en Sídney. Mar y multicultura. La propia, la aborigen, ocupa el barrio de Redfern. Si usted lo recorre en automóvil, procure no mirar fijamente a los aborígenes que se encuentren en ese momento paseando. Pueden molestarse. No les gusta compartir el territorio que han hecho suyo, que fue suyo, y que ahora es muy insular y problemático. Russell Crowe, The Gladiator, es propietario de un gran equipo de rugby que tiene su sede aquí: se llama The Rabbitoes, los conejos. Entre los mejores jugadores del equipo se encuentran los aborígenes. Crowe es un héroe para ellos.
"Hombre libre, tú siempre amarás el mar". Lo escribió Charles Baudelaire. Sídney es la libertad y el mar. El Gay Mardi Gras, el gran festival gay al que acuden homosexuales de todo el mundo, se celebra aquí, en la Oxford Street. Los heterosexuales en apuros pueden acudir acto seguido a Kings Cross, el barrio más alegre de la ciudad.
Así es Sídney.