El lunes estaba realizando mis compras navideñas cuando pasé por delante del escaparate de una tienda de animales. Irremediablemente tuve que entrar. Estuve jugando con un chihuahua que brincaba en su jaula cada vez que yo le decía algo o le silbaba, y terminó ladrándome molesto cuando lo ignoré para mirar los accesorios caninos.
Cuando estaba admirando el colorido de los peces de acuario un terrario llamó mi atención. Ante la duda existente pregunté al dependiente si lo que allí habitaban era cocodrilos o caimanes. "Caimanes", me contestó. Salí de allí preocupada.
Un caimán recién nacido es autosuficiente, es decir, es capaz de cazar pequeños animales que le sirvan de alimento, eso incluye un dedo humano. Llegan a medir dos metros en su edad adulta, o sea, que quien compre dicho animal, además de registrarlo en el organismo pertinente, deberá deshacerse de él cuando alcance cierta edad o tamaño y cuidando, sobre todo, que no se escape.
No entiendo que sea legal vender un animal que, al fin y al cabo, no te puedes quedar, ni jugar con él, ni acariciar y que si, por mala suerte, escapa, se pueda comer al perro del vecino, o peor aún, al vecino.
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